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02

noviembre

Procrastina – Qué?

Un día me encontré, como quizás ahora tú mismo, con esta palabra, o mejor dicho, palabro: Procrastinación. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española parece no complicarse la vida en su definición: Procrastinar significa aplazar o diferir. Sin embargo, es un vocablo que se identifica habitualmente con la gestión personal y las tareas pendientes en las que voluntariamente dejamos de avanzar, no sin cierto malestar por ello. En palabras de David Allen, procrastinar es “no hacer lo que deberías estar haciendo y además sentirte mal por ello”.

¿El emprendedor procrastina?

Hace poco confesé en una conversación de oficina que de vez en cuando me costaba concentrarme en tareas importantes en el trabajo, a lo que la persona con la que conversaba me comentó, sin sorprenderse lo más mínimo, que procrastinar es una cosa habitual entre aquellos perfiles profesionales más “senior”.

– “¿Por qué?”, contesté.

– “Porque a medida que vamos ocupando puestos con mayor responsabilidad, vamos teniendo también menos supervisión desde posiciones más altas en la jerarquía de la empresa. De ahí la importancia de saber gestionar actividades y prioridades en un nivel senior.”

Pensé que si un ejecutivo senior tiene poca supervisión de sus superiores y por tanto tiende a procrastinar más, imagínate un emprendedor, un fundador de una empresa, un empresario al frente de una compañía. Esos sí son perfiles sin absolutamente apenas supervisión, especialmente en su trabajo más operativo del día a día.

Me quedé aliviado por un momento al pensar que mi falta de concentración puntual en mis tareas era una cosa “normal” entre profesionales de cierto bagaje (“Qué bien!, pensé, ahora cuando retrase mis entregas importantes o tenga dificultad para concentrarme en eso en lo que tengo que avanzar y nunca empiezo es porque soy un profesional “senior”). Por otro lado pensé, “¿Será por esto aquello de el ojo del amo engorda el ganado?” Tiene todo el sentido.

¿Por qué procrastinamos?

Si tan importantes son las entregas de proyecto, las presentaciones, las ofertas o cualquier tipo de trabajo crítico dentro de nuestras competencias profesionales, ¿Por qué a veces dejamos de lado avanzar en el trabajo para dedicarnos a otras cosas menos productivas, como consultar las redes sociales, las noticias de la web, enviar mensajes, etc.? Tim Urban cuenta en su popular charla de TED que todos nosotros tenemos en nuestra mente la capacidad de avanzar en nuestro trabajo crítico, pero el “mono de la gratificación instantánea” nos distraerá de tal forma que tenderemos a hacer cosas que nos proporcionen diversión y bienestar en detrimento de tareas en teoría más aburridas, aunque estas últimas sean las tareas críticas para terminar nuestro proyecto más estratégico.  Sólo aceleraremos el trabajo cuando tengamos una fecha de entrega muy, muy, muy próxima.

Otras veces procrastinamos por nuestra incapacidad para decidir en qué avanzar de entre los distintos temas abiertos que tenemos en el momento.

Vale, entonces, cómo podemos vencer la procrastinación?

¿No sería más sencillo procrastinar, pero sin la presión de “tener que” hacer lo que tienes que hacer? Darte un premio con un momento para el ocio precisamente por haber terminado esa tarea que no pensabas que iba a acabar nunca es una buena forma de procrastinar, no? Pero si aún no has terminado esa tarea puedes probar a:

1.- Tener claros tus objetivos, tus valores, qué es lo que quieres hacer, y lo que te hace sentir bien. Si consigues alinear esos objetivos con tus tareas pendientes conseguirás sentirte bien mientras trabajas y la tentación de la gratificación instantánea no será tan grande. No es tarea sencilla y para ello debes pensar en tener un plan para tu vida, para tu carrera profesional o para tu proyecto porque si no lo tienes, formarás parte del plan de la vida de otra persona, con distintas metas, distintos valores, y por supuesto, tareas que no van a ser divertidas 🙁

2.- Ser consciente de que no puedes abarcarlo todo y centrarte en las dos o tres cosas más importantes. Hazte una matriz de 2 por 3 y escribe las 3 principales oportunidades en las que avanzar, los 3 principales problemas a resolver y decide por cuál de los 6 empiezas.

3.- Invéntate un supervisor.

-“¿Cómo? Con lo bien que estaba yo sin jefe…”

– Bueno, no exactamente. La táctica aquí es comprometerse con alguien a que vas a acabar ese trabajo antes de la fecha de entrega. Te hará las veces de Pepito Grillo y por no quedar mal puede que te sirva como auditor improvisado de tu trabajo.

4.- Date premios (o castigos)

Sí. La táctica de la motivación positiva o negativa puede funcionarte también. ¿Qué te impulsa más a hacer algo, alejarte de alguna mala consecuencia por no hacerlo, o acercarte a algún premio por hacerlo? Descubre qué motivación funciona mejor para ti y úsala para ponerte en marcha.

5.- Aísla al mono de la gratificación instantánea

¿Conoces con qué actividades sueles procrastinar más? ¿Cómo puedes aislarte de ellas? Seguramente puedas encerrar al mono de la procrastinación para que no te moleste. Al menos durante un rato productivo.

Fdo. Raúl García (@rull)

- Mar Saavedra, ,

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